Continuará

Hay un dicho que reza: “lo que da miedo es lo que realmente vale la pena”. No sé si habría que conocer a Freddy Krueger; me basta con descifrar, o al menos conciliarme con, lo que siento ante un eminente cambio vital. Me mudo a otro país, otra ciudad, otra vida… pero la misma mirada perdida. Perdón, ejem.

No es nada nuevo pero es algo otra vez. Único y repetible. Algo importante. Los cambios siempre traen ese noséqué de dudas, nervios y miedos que quéséyo. No es fácil, mi hija. Nada fácil expresar lo que se mueve en el vacío de una transición hacia lo desconocido, dejando atrás lo comedido, lo conseguido, lo convenido, lo ido.

Tengo ideas que llenan de luz mi futuro y sombras que apagan mi mente. Tengo ganas y fobia(s). Y tranquila y ansiosa busco signos de conjunción que unan partes inconformes. No son buenos tiempos y ya solo nos queda la lírica.  Imagino, creo, freno, vuelo, caigo, sonrío. Soy libre porque no tengo nada. Voy a reconformarme con el nuevo espacio. Nuevo idioma. Nuevas sensaciones, nuevas emociones, nuevas imágenes. Nuevas historias. Quizás cuente cómo me ha ido y si he conocido la felicidad.

Ni joven ni mayor,  el tiempo en mi cuerpo es un reloj de cuerda que necesita que le den vueltas. Y cuando suena hay que despertar aunque no esté en hora. Mancharse de lo bueno y limpiarse con lo malo. Guardar borradores. Guardar. Nunca borrar. Y seguir caminando aunque no haya lineas rectas ni cuadros que cobijen. Nunca antes una hoja en blanco había tenido mi nombre.

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Anatidofobia: Miedo a estar siendo observado por un pato.

Miedos hay miles, millones. Hoy día se dice que vivimos en la sociedad del miedo, lo que en mi opinión no puede más que desembocar en un miedo generalizado a la sociedad, o incluso al hombre (¿odio?). Los miedos paralizan, engañan, ocultan, limitan y pueden crecer si no los controlamos. En el mundo de los miedos y de las fobias hay de todo y para todos. La lengua y la literatura tampoco se salvan.

miedos y fobias letras

No voy a entrar en los orígenes de estas patologías ni en su consideración clínica porque, sinceramente, no tengo ni idea. ¿Miedo a emitir opiniones o a la crítica? Pura ignorancia y punto. El caso es que me he encontrado con cositas interesantes como la que da título a esta entrada. Volviendo al mundo de las letras, os ofrezco una selección de fobias, una pequeña muestra de lo raros que podemos llegar a ser:

– Aibofobia: Miedo a las palabras palíndromas (la que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda)

– Bibliofobia: Miedo a los libros.

– Escriptofobia: Miedo de escribir en público.

– Grafofobia: Miedo, angusta de escribir.

– Helenologofobia: Miedo a los términos griegos o de la terminología científica compleja.

– Hispanofobia: Miedo o repulsión hacia los hispanos, a la lengua española o hacia la cultura hispánica.

– Ideofobia: Miedo a las ideas o a la razón.

– Logofobia: Miedo a las palabras, a pronunciar ciertos fonemas.

– Metrofobia: Miedo u odio a la poesía.

– Nomatofobia: Miedo a los nombres.

– Onomatofobia Miedo de un nombre o de una palabra en particular.

– Verbofobia: Miedo a las palabras.

– Xenoglosofobia: Miedo a lenguas extranjeras.

Pero sin duda la ganadora, la fobia que más me ha llamado la atención, por su propia incoherencia nominativa ha sido esta:

Hipopotomonstrosesquipedaliofobia (o Sesquipedaliofobia): Miedo a la pronunciación de palabras largas, complicadas o inusuales por miedo a equivocarse.

Vamos a ver… ejem… mejor no saber que tienes hipopotomostro… si es que lo tienes. En todo caso, mejor no saber el nombre de lo que tienes. En fin, hay cosas peores, como la Psicofobia o miedo a la mente. Mejor no lo pienses.

(enlace al video)

Fuente: diccionario de fobias

P.D.: El que no tiemble cuando su pareja le dice “tenemos que hablar” debe de tenerle mucho miedo a oír…

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Me gusta el fútbol

“El goleador es siempre el mejor poeta del año” (Pier Paolo Pasolini )

Mi relación con el fútbol ha cambiado sin apenas haberme dado cuenta… y, aún me extraña decirlo, pero me gusta el fútbol. No como antes, cuando sólo me gustaba jugarlo. Ahora, aunque me sigue dando un nosequé cuando suena el himno, me gusta verlo en la tele. Y me convierto en mi padre, concentrada en el partido, sola en el sofá. Aún es un placer discriminatorio y partidista (je!), ya que sólo veo los de España. Los vi en el mundial, pero como una excusa. Ahora es un fin en sí mismo.

Por eso cuando el  14 de junio jugaban España e Irlanda y yo decidí esperar a que terminara el telediario de la 1 para comenzar a ver el partido, me asaltó un debate interno entre la culpa y la decisión cuando el periodista Carlos del Amor, tocayo mío (por el que siento simpatía, cierto desprecio profesional y envidia al mismo tiempo) terminó el espacio con esta “noticia cultural” que, decía el presentador, “es para usted”. Y que acaba con esta frase: “díganles a los que están con el fútbol que el telediario les hizo, les hace, una noticia sólo para usted”.

(enlace al video)

Y es que creo que de este nuevo amor que tengo (no Carlos, sino el fútbol) tienen culpa en parte todas esas noticias que también son para nosotros pero que no entendemos como tales. En el ¿mejor? de los casos nos entristecen, nos sentimos impotentes, engañados, atrapados… cambiamos de canal. En otra parte unos chicos, por cierto muy agradables a la vista, se mueven de un lado a otro siguiendo estrategias y un deseo compartido (en otros tiempos hubiese dicho, simplemente, “persiguiendo una pelota”). Me concentro en el juego, salgo al balcón a escuchar gritos y suspiros. Grito. Suspiro. Siento, ya no tristeza. Durante un tiempo sólo pienso en ese objetivo. Sí, nos está yendo bien en eso… y no se trata de olvidar lo que pasa en España… pero dame un ratito, una tregua, y llámame hipócrita, cobarde o Rajoy si quieres… pero qué bien que estemos juntos, qué bien que lo consigamos…

El domingo veré la final en el barrio madrileño de Chueca con un puñado de gays (o maricones; u homosexuales: …) y lo voy a disfrutar, y si queremos ya de paso nos sentimos orgullosos de ser como somos. Antes seguramente me lamentaré de otros problemas. Pero durante… durante solo hay una emoción, un riesgo, una subida de bilirrubina que consigue que olvidemos a Bankia y a su madre. ¿Acaso no tenemos derecho? Sin necesidad de ser llamados “borregos”, digo.

Y después, cuando ganemos, pues cantaremos. Y si perdemos, pues nos cantarán. Habra música y habremos pasado un buen momento. Y quienes quieran y puedan, que son cada vez más, dejarán de lado la violencia para marcarse unos poemas que seguramente tendrán mucho que ver con el amor.

“Dime, poeta”, por José María Pemán
Dime, poeta:
Si el mundo es como un balón
redondo por la ilusión
de llegar pronto a su meta:
¡Vale la pena jugar!
Silencio del ultramar,
luna llena…
mar serena;
viejo amigo
en secreto te lo digo
¡que lo que vale la pena
es ganar!

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No post

Este post no es literalmente un post. Es un post sin común y con-sentido. Una pausa sin etiquetas. Es la gallina de Clarice Lispector. Escrito sólo para ser transcrito.
Es un post indignado porque el anterior juego-post no tuvo fin. Este post es un fin sin fin en sí mismo.
Este post no lo quiero pero lo necesito. Si fuera un color sería negro. Este post es un lío, un querer llegar a ser post al que sólo se llega entrando. Un simulacro.
Es un post en un tren, quemado en la playa, cansado. Tiene nostalgia y pereza del lunes.
Este post es más ante- que post-. No es, ni eres, ni ná.
Se autodefine sin concretarse. Busca un aliento, un apoyo.
Este tren está en camino y tengo un libro entre las manos. Gran Capote. Hoy prefiero leer que hacer leer. Hoy: no post.

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Cadáver exquisito

Pereza post-exámenes. Pero no puede haber semana sin post así que propongo un juego literario para que escribamos entre todos. Me permito el lujo de poder hacerlo ahora que el blog apenas tiene 200 seguidores entre email, Twitter, bloggers y Facebook. Más adelante, espero, será difícil.

cadáver-exquisito
El juego que os propongo es el de cadáver exquisito, al que seguro que habéis jugado en alguna ocasión. Consiste en que una primera persona (yo) escribe unas lineas en una hoja de papel, doblando después dicho papel de tal manera que el siguiente jugador sólo pueda leer el final y continúe su historia. Y así sucesivamente.

Ya: no podemos doblar el ordenador (si alguien puede que nos diga el truco). Así que modificaremos un poco el juego: simplemente vamos a continuar la historia. Una sola regla: prohibido escribir el final antes del quinto comentario. ¡Espero no estar arriesgando demasiado!

P.D.: Los que recibáis los post por mail debéis entrar en el post para ver las respuestas 😉

El principio de la historia es:

Mariano recogió el tomate del suelo y lo puso sobre la repisa de la ventana. En la calle la muchedumbre seguía gritando. “Nunca más” – se repitió a sí mismo – “nunca más…”

A jugar!!

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Ortega, Rajoy y la hipocresía deshumanizada

España solicita a Europa un rescate a su economía. España es Europa, España es el euro, España es la hipocresía deshumanizada. Como el arte que definía Ortega y Gasset allá por los años 20, cuando los ismos de vanguardia calaban en el arte español, desde Picasso a Gómez de la Serna.

Me han sorprendido que un telediario comparasen a Ortega con (la política de) Rajoy por cuanto ambos han pujado por una integración de España en Europa. Y las comparaciones, como dice siempre un buen amigo mío, son odiosas.

España vendido rescate

Sí, abogaba Ortega y Gasset por un intelectualismo europeísta, fundamento del Novecentismo o Generación del 14.  Pero también por un racionalismo (opuesto al subjetivismo de la Generación del 98, inmediatamente anterior) y una distancia y perspectiva al tratar el tema de España. Se buscaba regenerar un país que, después de haber sufrido el desastre del 98 pasó de (volver a) ser monárquico a (volver a) ser republicano, gobernado por la Dictadura de Primo de Ribera entre medias y sufriendo la Guerra Civil después. Etcétera. Demasiados cambios para esta España y para este filósofo que disputó con Unamuno el conocido debate sobre si europeizar a España o españolizar a Europa. Ese es el contexto para la comparación, que pierde entonces su validez lógica.

Y es que Ortega no pedía un rescate financiero, si bien del regeneracionismo liderado por Joaquín Costa, otro movimiento que apostaba por una europeización de España, surgió un movimiento agrario que dio lugar a la aparición de Cajas Rurales y de Sindicatos Agrícolas, muchos de ellos promovidos por eclesíásticos y católicos. Trataban de luchar, en parte, contra el caciquismo. ¿Contradictorio?

En fin, lo que pedía Ortega era una formación intelectual que permitiera a los españoles dejarse gobernar por un gobierno de los mejores. Una transformación desde el poder, desde arriba, que apenas tuvo cinco años para materializarse en la Segunda República.

Me pregunto que diría Ortega de esta España europeizada si levantara la cabeza. Quizás escribiera una segunda parte de La rebelión de la masas dedicada al 15M. Quizás se uniría ahora a Unamuno afirmando “Yo me voy sintiendo profundamente antieuropeo. ¿Que ellos inventan cosas?, invéntenlas“. Quizás preferiría ser africano al ver que no, que no hemos aprendido nada, que somos unos vendidos. Y ahora toda España apoyando a la roja, que es domingo, es el día del señor, hay partidazo y ya se ha resuelto la situación. Hay mucha hipocresía.

Forges elpaís 10 de junio

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Tonto es el que hace tonterías

De formación periodista y de profesión lo que sea. Esa soy yo. Molesta por un par de encontronazos con el mundo del periodismo últimamente.

El primero,  a raíz de la publicación en el Facebook de la Asociación de la Prensa de Madrid de esta foto

periodismo ciudadano
Los comentarios sobre la misma iban todos en la línea de denunciar ese “mal llamado periodismo ciudadano” (cit) por no ser verdaderamente periodismo o porque se trata de “otro mal invento de la globalización para anularnos como eje vertebrador-control-de una sociedad.” (cit). El argumento: periodismo lo hacen los periodistas.

Pues vaya, y pan el panadero, y tonterias el tonto. Y no creo que haga falta estudiar para ser tonto. Como tampoco, por desgracia, creo que haga falta estudiar para ejercer la mitad de las profesiones existentes. Y digo por desgracia porque si dispusiéramos de una buena educación, especializada y práctica, sobre cada campo laboral, pues seguramente seríamos trabajadores más felices y realizados. Y eso dejando de lado ahora las condiciones laborales de ciertas profesiones…

Con una de estas personas estuve “discutiendo” sobre la necesidad de tener o no un título para llamarse periodista. Pero él empezó a hablarme de censura, de la necesidad de regular la sociedad… en definitiva: un cabreo de llevar tres años en el paro mientras otros “le quitan su trabajo”. Amigo, no mezclemos cosas. Que yo no hablo de quitar trabajos, hablo de funciones comunicativas que puede hacer cualquiera y que nos está permitiendo obtener informaciones (de menor calidad y rigor, puede ser, pero informaciones al fin y al cabo) que de otra manera no tendríamos.

Hablo de orgullo y de honestidad, de no cerrarse a unos estudios sino de dejar la puerta abierta a otras posibilidades. Tres años de paro y sin prestación, ¿no se te ha ocurrido trabajar en otra cosa? ¿o te da pena quitarle el trabajo de camarero a otro? ¡Venga ya, hombre! ¿Has oído hablar de la experiencia? ¿de la versatilidad?

El segundo capítulo, cuando al día siguiente quedé a tomar unas cañas con un amigo de la facultad, de formación y profesión periodista (afortunado él). A la mesa iban llegando otros compañeros de profesión que, al conocer que yo era la única que en esos momentos no ejercía como tal, comenzaron a ningunearme. Yo ya no contaba. Out. O al menos me dio esa impresión.

Desilusión de ver cómo la gente se inventa su vida. Me explico: a todos nos gusta cumplir nuestros propósitos, dar lo mejor de nosotros pero ¿debemos dejar que eso se convierta en un filtro para dejar fuera lo que no se ajusta al plan? ¿Tenemos que continuar con la máscara incluso estando de cañas? Tengo muchas historias que contaros, qué pena que no queráis escucharlas. Quizás dentro de un tiempo nadie quiera escuchar las tuyas porque ya no van firmadas en un periódico… ¿qué twitearás entonces?

¿Estoy haciendo enemigos? Al contrario: no juzgo a las personas sólo por su profesión o su número de seguidores en las redes sociales. No juzgo si no conozco y por ello trato de conocer. No soy ni mejor ni peor que nadie, a no ser que así quieras verlo. Os dejo un video sobre el tema, ninguna novedad. Se aceptan críticas argumentadas en la sección de comentarios. Buen día.

(enlace al video)

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