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Literatura de estado (y de Estado)

Estos días se ha hablado y escrito mucho sobre nuestra lengua, en lo que se refiere a su posible sexismo (con motivo del Día de la Mujer) y a otras retóricas políticas. Se escriba como se escriba, está claro que el ser humano ha sentido la necesidad de relatar y contar desde el inicio de los tiempos. Hoy día esos discursos y narraciones nos llegan en forma de “estado” en Facebook (“¿Qué estás pensando?“), en twitter (“¿Qué está pasando?“), en blogs y en todo tipo de redes sociales. Parece que tenemos que dar cuenta de todo (he llegado a preocuparme por amigos cuando han estado dos días sin presencia virtual…) y además hacerlo de una manera creativa.

Y como la memoria es caprichosa, me he acordado de un curioso ejemplo de esta “literatura de estado”. También “de Estado”, puesto que el hecho del que escribo, la caída de Fidel Castro en un acto público el 20 de octubre de 2004, traspasó las fronteras de lo personal.

Un tropiezo lo tiene cualquiera, pero Fidel sintió la necesidad de dar explicaciones sobre ello en una carta que dirigió a sus compatriotas el día siguiente al suceso, una redacción sin desperdicio. Copio aquí la parte en la que da todos los detalles de su caída, destacando en negrita mi parte preferida:

“Cuando llegué al área de concreto, a unos 15 o 20 metros de la primera hilera de sillas, no me percaté de que había una acera relativamente alta entre el pavimento y la multitud. Mi pie izquierdo pisó en el vacío, por la diferencia de altura con relación al área donde estaban situados los participantes en sus respectivas sillas. El impulso y la ley de gravedad, descubierta hace tiempo por Newton, hicieron que al dar el paso en falso me precipitara hacia adelante hasta caer, en fracción de segundos, sobre el pavimento. Por puro instinto, mis brazos se adelantaron para amortiguar el golpe; de lo contrario, mi rostro y mi cabeza habrían chocado fuertemente contra el piso.

No se podía culpar a nadie. Era absolutamente mía la responsabilidad. Al parecer, la emoción de ese día lleno de creaciones y simbolismos explica mi descuido. (…)”

En fin, parece que Chávez le ha tomado ahora el relevo a Fidel informando puntualmente de los partes médicos relativos al cáncer que padece; y a éste tampoco le falta estilo:

Ahora quería hablarles desde este camino empinado por donde siento que voy saliendo ya de otro abismo. Ahora quería hablarles con el sol del amanecer que siento me ilumina.”

Hay quién dirá que la revolución está enferma, pero su literatura y su periodismo (buenos o no, apropiados o no) parecen estar total y virtualmente actualizados.

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