Dicen por ahí…


Siempre dije que si tuviera que hacer una tesis doctoral la haría sobre el origen y alcance de los rumores. El primero que conocí fue el de Ricky Martin en el programa televisivo Sorpresa Sorpresa¿Qué español no se acuerda de aquello? Algunos todavía tendrán la cara de afirmar que lo vieron. Yo, como muchos de vosotros, tengo un amigo que aseguraba tenerlo grabado. Hasta que, al parecer, desde ese mismo programa ofrecieron una cantidad inmensa de pasta al que les facilitara las supuestas y claramente falsas imágenes. Entonces todos esos vídeos se estropearon de repente (el VHS, ya se sabe…). Toda España esperó con impaciencia la siguiente emisión, que comenzó con todo el equipo en el plató y estas palabras de la presentadora (Isabel Gemio): “hemos sido víctimas de un rumor”.

rumores literarios

La pasada noche, sin ir más lejos, el diario El País fue víctima de un bulo originado en la red social Twitter, como podéis leer en el propio comunicado del defensor del lector, lanzado en su versión online. No ha sido el primero ni será el último. Éste, al parecer, se creó con la intención de atacar las propias mentiras que nos cuelan los medios de comunicación. Y por lo visto es la malicia la que origina estas historias en la mayoría de los casos. Aunque también la necesidad de visibilidad, la imaginación, la ignorancia y el hecho de que la gente se aburre mucho. Recomiendo, al que le interese indagar un poco más en este asunto (y a los que aún se dejan engañar por los mails en cadena), este interesantísimo artículo: “Rumores y leyendas en Internet“.

Los rumores, al igual que las leyendas y los cuentos, son parte del patrimonio popular. Se originan en una sola mente, en un patio de vecinos, en una conversación mal llevada, a raíz una frase mal escuchada o sacada de contexto… y pueden llegar a crear mucha polémica: ¿llegó el hombre a la luna?

Casi podríamos decir que muchos de esos rumores son “de película” o “para escribir un libro”, y de hecho se hace. Pero con frecuencia y más allá de los libros, esas historias giran en torno a los propios escritores. Víctimas o especialistas en marketing, lo más habitual en el caso que nos ocupa es encontrarnos con escritos atribuidos falsamente a ciertos autores. Uno de los que más me llama la atención (y que recoge el artículo arriba mencionado) es el de este bonito mensaje:

la vida según Quino

Ya, yo también pensaba que era de Quino. Pero no. Y aunque el dibujante argentino lo haya desmentido, la gente prefiere seguir pensando que es suyo, o que da igual: lo que importa es el mensaje.  Borges desmintió ser el autor de un poema llamado Instantes, y  más de lo mismo tuvo que hacer García Márquez, entre otros muchos. Y es que si en el caso del que imaginó que la vida acabara en un orgasmo no termino de entender la falta de autoría real, a los escritores citados les debió molestar mucho que se les viera como creadores de algo que ni les gustaba.

¿Escribió Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas en una sola tarde tras haber comido setas alucinógenas? ¿Despertó realmente Burroughs en un hospital marroquí sin recordar que había escrito El almuerzo desnudo? Lo que sí sabemos es que Gloria Estefan aún no ha muerto. Y Elvis tampoco… en Memphis lo saben todos…

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