Recuperar la memoria artística


            “Las cajas de las pizzas cuadradas, las pizzas redondas y las porciones triangulares.. igual de ilógico de que casi nadie se acuerde del 70 aniversario de la muerte de Miguel Hernández.”

miguel hernandez Con este mensaje, irónico y contundente, un amigo plasmaba su resignación en una red social el pasado 28 de marzo. De Orihuela, como el poeta, quizás por ello tuvo algún medio local o regional que le recordara la fecha. O quizás no, porque lo cierto es que aquel día los medios de comunicación apenas hablaron de Miguel.

Como tampoco hablaron de André Antoine el 30 de marzo. No me refiero al ministro del   André Antoinemismo nombre, sino al actor que hace 125 años inauguró su Théatre Libre en el barrio parisino de Montmartre. Hecho merecedor de conmemoración por cuanto supuso una renovación del arte actoral basada en una puesta en escena naturalista. Era la época de Zola, de Ibsen y de los Meininger. Las mentiras ya no convencían ni sobre el escenario y se buscaba una representación más imitativa de la realidad. Imitación que para algunos era excesiva en obras como “Los carniceros“, dirigida por el mismo Antoine, donde el olor que se desprendía de la carne real colgada en escena impregnaba toda la sala. O en “La tierra“, donde las protagonistas fueron las gallinas que picoteaban a sus anchas.

Seguidor de las ideas naturalistas de Taine y de Zola, este aficionado al teatro se propuso llevar la verdad al teatro, huyendo de las tradicionales costumbres de una falsa declamación  y de escenografías que nada tenían que ver con la historia, la época o la realidad.

Representación de La Terre, de Émile Zola (1900)

Representación de La Terre, de Émile Zola (1900)

En esa nueva representación antiteatral los personajes ya no lo eran, sino que se comportaban con absoluta normalidad sobre el tablado en un trabajo ahora grupal, sin individualismos marcados por la fama de cada actor, en el que ya se podía hablar incluso de espaldas al público. Un público en el que también pensó Antoine al rebajar el precio de las entradas y hacer más cómodos los asientos.

Basta decir que los cambios nunca son fáciles de asimilar pero, pese a las críticas, estas innovaciones naturalistas transformaron el teatro, incluso el de la oposición, hasta llegar a nuestros días… en los que parece que a nadie le importa si fue gracias a otro “nadie” el que las cosas ahora sean como son. O que no lo sean.

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Archivado bajo Artes escénicas, Cultura, Literatura

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