La hora


Hoy recordé una historia que escribí hace bastante tiempo…

La hora

Pasaban diez minutos de las seis y Jorge aún no había llegado, lo cual no sorprendía a María, que estaba acostumbrada a esperarle. Acostumbrada y harta. Era una chica de retos, le gustaba ponerse objetivos y luchar por conseguirlos, y esperaba lo mismo de los demás. Esta vez decidió que no esperaría más de media hora a su novio, tenía mejores cosas que hacer, o al menos eso quería pensar. Intentó convencerse de que no le importaba que Jorge llegara tarde, después de todo él siempre venía a recogerla.

Tirada en el sofá, no apartaba la vista del gran reloj que colgaba de la pared. Seguía el movimiento de la aguja con sus ojos. Tac, tac, tac, el sonido se hacía cada vez más insoportable… hasta que la aguja grande alcanzó el 6, y María se enfureció del todo. Pensaba en no abrir la puerta a Jorge cuando llegara, lo odiaba. Su tranquilidad le agobiaba, puesto que ella era todo lo contrario.

En la media hora que siguió María pensó de todo. Imaginó que estaría con sus amigotes sin importarle que ella estuviera allí, sola y aburrida. Comenzó a odiarle cada vez más, gritaba, golpeaba las paredes y el sofá. Quería llorar pero no podía. Estaba muy cabreada y hasta pensó en dejarlo con él. No debía llamarlo, debía cumplir su objetivo: pasar de él. ¿Acaso no tenía cosas mejores que hacer? Comenzó a pensar que algo podría haberle pasado, ¿un atasco?, o quizás algo peor: un choque, un grave accidente. La idea se iba haciendo cada vez más macabra: un camión-cisterna, una explosión, varios muertos, la noticia en el telediario… Sus pensamientos iban demasiado deprisa. Del odio pasó al miedo ¿Por qué no llegaba? ¿Qué estaba pasando? ¿Debía llamar? No, tenía un objetivo: pasaría de él.

Los siguientes minutos fueron agobiantes y desesperantes. A las menos diez sonó el timbre. “A buenas horas” – pensó María, que ya no sabía si estaba contenta o enfadada.  No sabía qué hacer, ¿y su objetivo? Debió tardar unos minutos en decidirse porque en seguida recibió un mensaje de Jorge: – “Tía, estoy llamando a tu timbre, ¿dónde estás? ¿por qué no contestas?”. Después de leerlo, María no pudo hacer otra cosa que reírse. Era una risa inquieta, nerviosa, culpable.

El teléfono móvil marcaba las seis menos diez, una hora menos que el reloj del salón. María había olvidado que la noche anterior, la del último domingo de octubre, debía cambiar la hora.  Y al contrario de lo que se espera con esta medida, María no percibió ningún ahorro de energía, sino todo lo contrario.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Letras, natalia-cantero

Una respuesta a “La hora

  1. Adrián

    8) No me esperaba ese final. Buen post!

Tu comentario aquí. Gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s