¿Dónde estoy?


Desperté desconcertada, sin saber dónde estaba… y lo vi. Mareada, tardé en reconocerlo. “¿Estás bien?” me preguntó. No sabía qué decir. “¿Quieres tomar algo?, ¿un zumo?”. “Sí, un zumo, gracias”. Me incorporé y traté de guardar la compostura. Hacía mucho tiempo que mi cuerpo no me traicionaba hasta ese punto. Todo empezó con una leve punción en mi interior. Luego, sus preguntas sobre mi vida personal, sobre mi familia, a las que le contestaba sin pensarlo demasiado. Más tarde, una presión en mis brazos y por último… dejarme llevar. “Cuando estés lista me dices y seguimos”. Y yo todavía temblaba. A mí me parece que por hoy ya he tenido suficiente. Y, no es por ti, pero ojalá que pase mucho tiempo hasta nuestra próxima cita, doctor.

desmayo

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