Con un poco de azúcar…


Varias son las noticias de estos últimos días en las que se habla de ciencia. Esto no sería reseñable si salieran a la luz más temas de este tipo. Y no lo sería tanto para mí, si no fuera porque he encontrado mucha literatura en esta creciente actualidad.

La noticia en la que más directamente se relacionan ambos saberes (literatura y ciencia) es ésta, en la que se nos dice, básicamente, que leer agota. Leer textos currados, se entiende:

“El cerebro humano reacciona de manera diferente ante expresiones como monstruo geográfico, monstruo solitario, monstruo hermoso y monstruo horrible. La primera es incorrecta, la segunda es neutra, la tercera es un oxímoron y la última es un pleonasmo (vocablo innecesario que añade expresividad). El investigador Nicola Molinaro ha elegido para sus experimentos la tercera, el monstruo hermoso, el oxímoron, una combinación de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como noche blanca o muerto viviente. Y esta figura retórica genera una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro, actividad que no se produce ante una expresión neutra o una incorrecta.”

De ahí, imagino, viene el dicho de que “el cerebro es un músculo”. Pero no lo es, no quiero yo confundir y decir como verdad científica algo que no lo es. Ya se encargan de hacer eso muchas universidades e instituciones educativas, como denuncian en el blog La lista de la vergüenza. En él podemos encontrar un listado de organismos que enmarcan en seminarios y cursos científicos cuestiones como la telepatía con animales.

Ante estas afirmaciones pseudo-científicas, lo mejor es adoptar una actitud escéptica. Podéis encontrar algunas claves en este interesante artículo.

Otra de estas noticias trata de dos chicas (una española y otra norteamericana) que se volvieron medio locas por un anticuerpo que se les coló dentro. La descripción de los síntomas, que comportaban un cambio total del comportamiento de estas personas hasta el punto de que les tuvieron que inducir al coma, definen perfiles propios de la mejor novela (o película) de ciencia ficción. De hecho, muchos lectores han expresado en la sección de comentarios la similitud de algunas acciones (giros de cabeza de 90 grados) con las propias de la conocida niña del exorcista. Es más, hay quienes afirman que estos peculiares casos clínicos eran considerados antiguamente posesiones demoníacas. Algunas de las sensaciones expresadas por estas chicas son verdaderamente escalofriantes:

“Llevaba unos días con dolor de cabeza, pero mi primer síntoma fue que no podía decir lo que pensaba. No encontraba las palabras. Llamé a mi madre asustada pero no me entendía”

La unión de ciencia y literatura ha dado lugar a una gran cantidad de personajes e historias de lo más variopinto. Malformaciones, mutaciones y enfermedades raras son una fuente de inspiración para miles de autores. Y es que la noticia (en este caso la historia), según aprendemos los periodistas en la carrera, no es que el perro muerda al hombre, sino que el hombre muerda al perro. Lo raro, vamos.

Pero no voy a hacer un compendio de este tipo de personajes ficticios sino que voy a basarme en hechos reales, en personas reales. En este sentido, recomiendo un libro con el que confirmé lo raros que podemos llegar a ser los humanos, algunas de las extrañezas que nos pueden ocurrir a nivel biológico y, sobre todo, el desconocido poder del cerebro. Se trata de la obra de Olvier Sacks “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” y una de las historias reales que cuenta el neurólogo es precisamente esa: la de un hombre que fue a coger a su mujer para ponérsela en la cabeza, al acabar la consulta. Imaginaros la cara. De la mujer. Del médico. Y la mía. Increíble… pero cierto (y eso es lo mejor, a nivel literario, claro). Sacks crea pequeños relatos o cuentos tan apasionantes que gustarían hasta al menos iniciado o interesado por la ciencia.

Divulgar, enseñar, haciendo atractivos los temas. Ya Horacio destacó la importancia de esto, en su Epístola ad Pisones.

O como decía Mary Poppins siglos después: que las medicinas con azúcar entran mejor. Pues eso mismo.

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Archivado bajo Cultura, Literatura, Noticias

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