Un libro con muchas tablas


Esta tarde, al pasar por la Puerta del Sol detuve mis pasos, intrigada, junto a un corro de gente que observaba a un hombre con un gran libro en la mano. El sujeto alzaba su figura y su voz tratando de atraer al público. Y lo consiguió. Lo que me hizo detenerme fue ese gran libro marrón de aspecto viejo y usado, así como sus palabras. Inició su discurso proponiendo un libro, ese libro, El Libro, como regalo de Navidad. Pero no por su portada o su color, sino por su contenido. La siguiente palabra, “Biblia”, me hizo retormar mi camino.

Pero lejos de entrar en consideraciones sobre si realmente sería un gran regalo (podría serlo, por qué no, como fuente de inspiración literaria), lo que es seguro es que “gracias” en gran parte a ese contenido hoy día podemos alegrarnos de disfrutar del teatro en España.

No abro los ojos a nadie al situar los inicios de las representaciones teatrales en las primeras formas rituales, ya sean de culto a la Naturaleza o de carácter religioso. Pero, sin necesidad de irnos tan lejos en el tiempo, fue en el seno de la Iglesia medieval donde se vivieron los re-inicios de este arte en España. Y fue, precisamente, por Navidad.

Allá por el siglo IV los cristianos, que habían logrado resistir persecuciones y superar la marginación social por el Imperio romano, no querían ni oír hablar del teatro y demás espectáculos paganos en los que se invocaba a dioses falsos. Por eso el teatro desaparece prácticamente durante unos cuantos siglos.

Pero un día los clérigos se dieron cuenta del valor didáctico de las representaciones en la divulgación de la palabra divina. Y fue así como, muy poco a poco, se establecieron las bases del teatro. Fueron primero los tropos y su Quem quaeritis?, donde unos pocos clérigos representaban de manera muy simple la resurrección de Jesús. Podemos ver en ellos el origen del diálogo. Pero los actores no estaban contentos ya que no tenían ninguna autonomía a la hora de representar su papel. La palabra de Dios debía ser pronunciada y poco más (aunque me atrevería a decir “encarnada”). Se pasó entonces a los autos, con más personajes, aún religiosos, más diálogo y una estructura más argumental.

Y se les fue de las manos porque, todavía en las mismas iglesias, siguieron formas de representación que rozaban lo profano, como los juegos de escarnio. También fiestas como las del obispillo. Todavía hubo mucho que esperar hasta encontrar un teatro más moderno… y con actrices, pero no podemos negar que la base es la base.

 El señor de esta tarde se sabe la lección mejor que yo. Será por eso que ese libro enorme que sujetaba con una sola mano ha sido y es el más leído de la historia de la humanidad.

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