Pérdidas de patrimonio cultural


El nombre de Carmen Balcells les sonará a los grandes conocedores del mundo editorial. Para los que no la conozcan, les diré que esta mujer, adorada por unos y odiada por otros, ha sido la mayor promotora de las obras de escritores de renombre, españoles y latinoamericanos, entre ellos varios premios Nobel como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Vicente Aleixandre. Hace poco menos de un año supimos que esta agente literaria española había vendido su histórico archivo al Ministerio de Cultura por tres millones de euros. El diario ElPaís ha rescatado estos días la noticia añadiendo datos y fotografías de esos documentos, a los que han podido tener acceso. Hasta que ella se ha quejado de esa exhibición…

El archivo, compuesto por cerca de 2.000 cajas, se encuentra por el momento en el Archivo General de la Administración (AGA) de Alcalá de Henares. Se pretendía, a partir de estos papeles, crear un centro nacional dedicado a la creación, edición e industria editorial a partir de este fondo. Ya veremos qué pasa.

El caso es que Balcells hizo posible con esta venta, además de embolsarse un buen fajo, que esos archivos no se perdieran ya sea, precisamente, por el miedo a perderlos, por la maldad del ser humano o como consecuencia de enfrentamientos políticos o sociales. Muchos han sido los documentos de gran relevancia cultural (e identitaria para un país, para una generación, etc.) que se han perdido o se han encontrado muchos años después de haber sido escritos, por alguna de estas causas.

En cuanto al primer caso, muchos son los ejemplos de documentos guardados recelosamente por coleccionistas o herederos de arte. Tal el es caso de Doris Dan, la heredera de Gabriela Mistral, primera latinoamericana en recibir el Premio Nóbel de Literatura en 1945. Tras su muerte, en 2007,  se encontraron en su casa un centenar de poemas y otros documentos inéditos de la escritora chilena.

En el segundo caso, la “mala fe” de algunas acciones humanas ha hecho desaparecer numerosa y valiosas obras. Mala suerte tuvieron, por ejemplo, algunas de las pertenecientes al escritor ruso Mijaíl Bulgákov (El maestro y Margarita) que fueron destrozadas por un vecino del museo moscovita que las acogía.

En el caso de las pérdidas de patrimonio cultural por guerras y conflictos, es bien conocida la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la más importante del mundo antiguo. El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Son muchos los textos donde se relata la pérdida de los 40.000 volúmenes alojados en depósitos de granos cerca del puerto cuando Julio César incendió la flota del hermano de Cleopatra.

Pero parece que hemos olvidado la historia y, por ende, la hemos repetido. Un caso más actual es el de  la cruenta guerra en Bosnia-Herzegovina entre 1991 y 1995, dondela magnitud de la devastación del patrimonio fue aterradora. Entre los mil monumentos culturales se incluyen museos, bibliotecas, archivos y colecciones de manuscritos.

En lo que respecta a los daños infligidos a las bibliotecas (se han contabilizado 188 bibliotecas dañadas y 43 completamente destruidas), nos detendremos en el caso del Instituto de Estudios Orientales de Sarajevo (de renombre mundial) que poseía documentos de la época otomana, de una importancia crucial para la historia de Bosnia-Herzegovina. Contenía, entre otros documentos, 5.263 manuscritos árabes, turcos, persas y bosnios; enciclopedias, obras de historia, geografía, política, teología, filosofía islámica, obras sufíes, obras de ciencias naturales y matemáticas, de derecho, diccionarios y una colección de poesías bosnias y otomanas, desde el siglo XI al XX.

Vamos a tener que volver a escribir en tablillas de plomo.

Acabo con otra de las causas de destrucción de cultura atribuídos al ser humano es el descuido, que no cité entre los anteriores por considerarlo complementario. En cualquier caso, el despiste y la ignorancia en ciertos caso, ha supuesto pérdidas millonarias. Un reciente ejemplo de esto el el caso de una trabajadora que destruyó una obra valorada en 20 mil euros cuando limpiaba el museo alemán que la albergaba. Pensó que era basura. Adjunto foto de la obra, sobre la que no haré comentarios, titulada “Cuando empieza a gotear desde el techo”:

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