Donde viven los nombres


El post de hoy viene motivado por la noticia del caso de corrupción en Palma relacionado con Urdangarín o, mejor dicho, con el nombre que se le ha dado a esta operación policial: Babel. La metáfora, evidentemente, hace justicia al entramado de empresas y ciudades que se presumen han participado del asunto. Curioso.

Investigando sobre el tema de los nombres de las operaciones policiales, además de encontrar hasta un grupo en facebook que se dedica a sugerir estas denominaciones (y del cual me he hecho fan ipso facto), he podido saber cuáles son algunos de los métodos más utilizados por la policía a la hora de nombrar estas operaciones.

En primer lugar, los nombres se obtienen haciendo simples asociaciones, como en el caso citado y en otros como Operación Abanico, que acabó con la detención de un ex-componente del grupo ochentero Locomía por tráfico de estupefacientes. Siguiendo con el tema ocioso nos encontramos la Operación Guateque, nombrada así por los bares que pagaban las comisiones al Ayuntamiento de Madrid. Los casos de narcotráfico, por su parte, suelen etiquetarse bajo términos o bichitos marinos (camarote, garfio, boquerón, pulpo, delfín, cangrejo), pues todos sabemos por donde entra la droga.

Entran dentro de este grupo otras como Operación Chuleta, la que denomina el caso de unos profesores de autoescuela que pasaban los exámenes de sus alumnos a cambio de dinero. En este caso la asociación me lleva más a una carnicería… pero quizás es porque siempre ando pensando en comer, o porque en el mundo de las asociaciones “para gustos, los colores”. Si no que me expliquen por qué  a la operación que destapó el caso de unos orientales que hacían copias de DVDs se decidió llamarla Sudoku.

De todas las operaciones nominadas desde esta teoría asociacionista (ya apuntaban los griegos clásicos que la base del conocimiento está en la imitación) mi favorita, quizás por mis orígenes cercanos al lugar que voy a citar, es la  Operación Biblioteca: la detención por supuesta corrupción urbanística del alcalde de un pueblo murciano llamado Librilla. Y se quedan tan anchos.

Pero también el ingenio de los policias y sus conociemientos lingüísticos y culturales han dado otros nombres como Gurtel, derivación de una palabra alemana que viene a significar Correa (apellido, como ya saben, del mayor imputado en la trama).

No es fortuito que a la operación de la Pantoja se la llamara Malaya, puesto que se trata de una combinación de las palabras Málaga y Marbella (principales lugares en los operaban los imputados). Eso es, al estilo de Antonio Orozco y su Cadizfornia.

Y tampoco es por casualidad que a la corrupción de Estepona se la llamara Operación Astapa, ya que este es el antiguo nombre griego de la ciudad malagueña.

Volviendo a la noticia que nos ocupa, lo que más me ha llamado la atención no es el propio nombre, con el que los policías se asegurarán, de manera lógica, la rápida identificación del caso. Lo que desconocía es que las carpetas y cajas que guardan documentos inherentes a las operaciones se etiquetan con fotografías que ilustran esos creativos nombres.

En este caso se ha escogido acertadamente la representación del cuadro de Brueghel, como se puede ver en la siguiente imagen publicada por El País:

Y el caso es que parece ser que en otros lugares, como Gran Bretaña, es una máquina la que asigna esos nombres al azar. ¿Será, pues, que los españoles destacamos por nuestro ingenio o imaginación? Yo lo que creo es que esa máquina es muy cara.

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